La hora más oscura se presenta justo antes del amanecer

Cuando la propia felicidad representa un sufrimiento para las personas que amas, eso es un dolor que se lleva en el corazón, pero también es el incentivo y el combustible que obliga a luchar para transformar la propia conciencia y desarrollar la compasión que se necesita para luchar por la felicidad de otros y aprender a elevarnos enteramente por encima de las adversidades, anteponiendo así el bienestar común; aunque esa comunidad lejos de valorar y apreciar la verdadera esencia de la vida no haga otra cosa que adorar lo abstracto, generando así su propia destrucción.
A veces nos sentimos desalentados y frustrados ante los obstáculos y adversidades que se tienden ante nosotros, como si la realidad pretendiera así reírse constantemente de nuestros esfuerzos y esperanzas, pero el budismo no es una práctica para perder, sino todo lo contrario. Aunque nadie nos comprenda, aunque nadie nos valore, aunque nadie nos ayude a vencer, aunque no encontremos a nuestro alrededor un solo corazón sincero y puro, aunque los venenos que habitan en el corazón de los seres humanos ardan con mayor intensidad, aunque estemos solos, lo único que verdaderamente nos hará libres es abrazar la verdad única de que la humanidad es una sola, de que solo existe un solo corazón.
Basta con alinearnos con ese corazón, con el verdadero sentido de la existencia, el amor compasivo, para vencer y lograr atravesar cualquier dificultad. Miramos a veces con indignación como la práctica de nuestra tierra pareciera debilitarse en momentos en los que habría que fortalecerse más que nunca, es inevitable sentir tales cosas, pero lo importante es saber que por nada del mundo debemos abandonar la fe.
Lo importante es comprender que nuestra victoria no está determinada por ningún elemento externo a nosotros, es un logro que obtenemos en nuestro propio corazón, lo importante es no perder de vista nuestra propia determinación. Es en nosotros mismos donde logramos transformar algo, nuestra propia vida es el escenario donde se está llevando a cabo la verdadera revolución.
Para perdonar hay que comprender y para comprender hay que perdonar, para ser capaces de tender la mano debemos ser suficientemente sabios como para aceptar. Para aceptar debemos tener la fe constante y asumir el compromiso de ser valientes y no escatimar esfuerzos a la hora de hacer el bien y abrir el corazón. Para abrir el corazón y estar capacitados para hacer el bien es necesario enfrentar nuestro propio sufrimiento y transformarlo en alegría. En oportunidades deberemos también ir en contra de lo socialmente aceptable o inclusive ser quien dice lo que nadie quiere oir. La verdad es áspera al oido (palabras de Nichiren) y los seres humanos, debido a nuestra oscuridad fundamental, tenemos la tendencia a caer facilmente en la indolencia y regularmente creemos que siendo indolentes podemos también ser justos, pero no es así, y sin tener consciencia real de ello nos convertimos en los peores enemigos de las personas que amamos, por temor a que si enfrentamos la verdad podríamos perder su aceptación. Muchas veces callamos cuando hay que hablar y hablamos cuando hay que callar; somos indiferentes cuando hay que ser duros y duros cuando se puede ser indiferentes; tomamos por falso lo verdadero y por verdadero lo falso.
El asunto es cómo hacemos para aprender a diferenciar lo real de lo ilusorio en el universo de nuestro propio corazón. No podemos tener plena conciencia de la Ley de Causa y Efecto si no hemos desarrollado la sabiduría necesaria para separar lo real de lo ilusorio, lo esencial de lo abstracto. Lo primero que debemos hacer es orar para que nos sea restablecido el sano juicio, constantemente debemos orar así. Ser feliz no se trata de estar en un lugar donde nunca nos pase nada malo, o lograr salirse con la suya en toda situación; ser feliz se trata de algo más profundo que eso, es aprender a aceptar la vida tal cual es; es lograr pensar, decir y hacer lo correcto en el momento correcto y proponernos vencer cada batalla sabiendo que vencer significa lograr que todas las partes ganen, que nadie tenga que perder. Somos responsables del mundo que nos rodea.
A luchar y a vencer!... cuantas veces sea necesario levantarnos debemos hacerlo con dignidad. Estamos luchando por la causa más elevada que existe; no será fácil, nadie dijo que lo sería, pero los frutos serán tan maravillosos que nada jamás podría darnos mayor felicidad. A vencer nuestras propias limitaciones, a transcender nuestras propias barreras, solo así llegaremos a acumular buena fortuna y saber que a la hora de nuestra muerte no habrá nada de que arrepentirnos.
Es inevitable sentir dolor, pero podemos enfrentarlo con dignidad y hacer de ese dolor un motivo para crear valor y construir una realidad más digna para nosotros mismos y para quienes nos rodean. La propia cobardía que habita en nuestro propio corazón nos dirá que mejor será no tomarnos la práctica tan en serio, que merecemos un descanso o que lo que hemos hecho ha sido más que suficiente y que tampoco somos responsables de todo y de todos. La propia cobardía nos dirá muchas cosas para que justifiquemos nuestra debilidad. Para un verdadero discipulo del Sutra del Loto no existen excusas ni justificaciones, para un verdadero discipulo del sutra del loto lo único que existe es la causa de la lucha para erradicar el karma negativo de los seres humanos.
In : Revolución Humana
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Una persona común que lucha para ser una fiel discípula del Sutra del Loto